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    Cómplices

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    Cómplices. En los amaneceres de azules matices y en los crepúsculos malvas. Cómplices difuminando las tinieblas de los densos días. Cómplices, siempre cómplices; incluso en las largas ausencias.

    Cómplices en las sobrecargadas rutinas y en las livianas aventuras de los días en común y los años aunados. Cómplices en esta historia que, de ilusiones y esfuerzos, en nuestra intima acuarela vamos esbozando.

    Cómplices en las risas, que, por sí solas, se desatan cuando, a solas, frente a frente, nos miramos con el deseo brillando en los ojos y las ganas derramándose en las manos.

    Cómplices de corazón desnudo, de alma y cuerpo entregados, de pudores e impudicias, de tiernas caricias y besos apasionados.

    Cómplices en las lágrimas, que secas a besos si me encuentras llorando. Cómplices en las desilusiones, las alegrías y los ratos amargos; que, a medias, pesan menos y bastante menos se tarda en endulzarlos. Cómplices en este reñido amor de cumbres y tajos.

    Cómplices de acuerdos y divergencias, de pactos de concordia y miradas de soslayo. Cómplices, a pesar de que, a veces, por ajenas tristezas, en aceras distintas nuestros pasos marcamos. Mas, un leve gesto, una palabra dulce, un perdón suspirado, nos vuelve al presente y en un cómplice abrazo desembocamos.

    Atados por invisibles lazos, cómplices nos nombró el destino y al azar es inútil desafiarlo.

    ®Trini Reina
    23/08/05
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    Sembrando sueños

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    Esperando su arribada,
    le abrió todas las puertas
    y destapó las cien ventanas,
    las cortinas de cretona,
    sobre sí mismas arremangadas,
    las paredes encaladas,
    reverberando a media tarde,
    la ropa en el patio tendida,
    oreándose a compás del aire.
    Al descubierto el corazón
    latiendo a son de sangre y fuego.
    El alma desnuda, tocada de níveo velo.

    Apareció plantando flores,
    sembrador de sueños con semillas preñadas;
    orondas de dichas, de bondades insufladas.
    Clarificando madrugadas,
    iluminó de colores las estancia,
    perfumando los sentidos
    con millones de fragancias.

    Y llegó para quedarse,
    jardinero cultivando gracias,
    colmando los espíritus
    de cuantos en él se miraban.
     
    © Trini Reina
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