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日志


Sembrando sueños

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Esperando su arribada,
le abrió todas las puertas
y destapó las cien ventanas,
las cortinas de cretona,
sobre sí mismas arremangadas,
las paredes encaladas,
reverberando a media tarde,
la ropa en el patio tendida,
oreándose a compás del aire.
Al descubierto el corazón
latiendo a son de sangre y fuego.
El alma desnuda, tocada de níveo velo.

Apareció plantando flores,
sembrador de sueños con semillas preñadas;
orondas de dichas, de bondades insufladas.
Clarificando madrugadas,
iluminó de colores las estancia,
perfumando los sentidos
con millones de fragancias.

Y llegó para quedarse,
jardinero cultivando gracias,
colmando los espíritus
de cuantos en él se miraban.
 
© Trini Reina
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Color de olvido

 
tristeza
 
Se presenta la añoranza bordada de nubes. Cúmulos orondos color plomo, textura de plomo; sabor a plomo. Por las que el sol impotente, negado está a penetrar con sus destellos áureos. Oro cálido al que espera sabiendo, que el martirio de ahora, en el porvenir, tendrá validez y sustancia. Mas helor punzante a los desesperanzados.
Mil kilos pesan los hombros, que empujan hacía abajo al resto del cuerpo grávido. El suelo se presiente cada minuto más cercano, tanto que se huele la humedad del lodo.
La cabeza en su atalaya es un caos de pensamientos delirantes; no pesa, de tanto elucubrar se ha transformado en humo.
Una mueca descolorida, la boca saturada de vacíos, en la nada diluida, rodeada de arrugas, acanaladuras sin saleros ni dulzuras.
Pozos sin fondos, en los que la retina no logra divisar el reflejo de lo que otean las tristes afueras: los ojos. Y sus pestañas cortinas de calabobos.
Venus, ni por asomo brilla en el alba, ya que el horizonte ha abierto hoy las puertas imitando, el color del olvido.
 
©Trini Reina

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Hoy...

escribiendo
Hoy quise escribirte un último poema, y mis dedos, inermes, no atinan a esgrimir la pluma; mientras el alma naufraga en el tintero.

Hoy quise dedicarte un último soneto. Poner el colofón a esta infructuosa historia con unos versos supremos; mas el silencio en la garganta se ha instaurado, y la voz se quiebra antes de emanar.

Hoy quise liberarme de ti con un poema. Una postrera estrofa, la rima final, la despedida… Mas las rebeldes letras, como adolescentes enamoradas, se niegan a fluir.

Hoy pretendí dedicarte un adiós hecho poesía, y lo único que brota de mi mente son palabras de amor. Bienvenidas envueltas en versos. Parabienes con rimas azucarados.
Hoy quería irme de ti... y como siempre me he quedado…

©Trini Reina26/04/05
BARRA11

Aires y aires

sola
De qué te duele a ti de mi soledad,
si mi desolación
no te roza ni de lejos.
Te ofreces con temor.
Presumes sin complejos.
Mas no luchas por paliarla,
tus favores son etéreos,
palabras sin alma,
vagos propósitos, vacuos consejos.

Aires y aires...
nubes y espejos.
Reflejos inanimados,
sacrificios incruentos.
Desapasionados latidos,
empatías sin fundamento.

Cómo me brindas compañía,
si habitas un país ajeno,
dónde no me alcanza tu risa;
ni me alimento de tus besos.
Tus brazos no entibian mi talle,
ni tu agua calma la sed que padezco.
Deja la piedad para los Santos,
las catedrales, para los rezos
para qué quiero tu solemnidad
Si ni me quieres, ni te tengo.

barragris
©Trini Reina
05/04/2005

Eres

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Tus aguas no crearan pantanos,
pero una sola gota de ella
saciará la sed de mi boca.
Las estrellas de tus ojos,
tres Magos no guiarán,
pero iluminan el foso de mi alma rota.

Tus manos no sanarán enfermos,
más son el ungüento de mis heridas,
no tienen el poder de curar tormentos;
pero si aliviarlos,con una escueta caricia.

Quizás no seas nadie para los ausentes,
sin embargo para mi presencia lo eres todo,
la arribada de mi espera en la estación
de este ingrato mundo loco.

Un cero en las cuentas frías,
el infinito en la ternura que emanas
la sinfonía de los crueles silencios
el repique de las alegres campanas.

Descanso para mi viejo cansancio
vitaminas inyectas a mi sangre en vena,
por ti suspira mi pecho flagelado;
eres la llave que cierra mis penas.
©Trini Reina
10/12/2004

Sencillamente

G-paisaje-amapolas

Nunca pretendí rielar con las estrellas.
Ni ambicioné me regalaran la luna.
Siempre admiré al sol con los pies en la tierra,
y adoré al mar, desde la orilla; tras las olas de espuma.

A las montañas comparé con mitológicos gigantes

que poseen  ancestral magia.
Pero jamás se me ocurrió buscar un piolet

y ponerme a escalarlas.
Los ríos pavor me producen,

cuando bajan colmados de bravas aguas,
mas cuando son arroyos, allá en el nacimiento,

me colman de ternura el alma.
Prefiero  humildes amapolas,

 retozando en las llanuras castellanas,
a orgullosas orquídeas en bandejas de plata.
Soy de costumbres modestas,

tal vez algo cándida;
prefiero un breve beso en los labios
o una caricia pausada

a ostentosas promesas

que no conducen a nada.
Anhelo la seda en las sonrisas

y el satén en las miradas,
 Dar el corazón a mis hijos

para que con él  calienten sus horas heladas.
Hilvanar letras y tejer poemillas.
 Regalar a recibir;

amar a ser amada.
Hacer felices a los míos.
Ayudar a quien quiere ser auxiliada.
Todos en su casa, yo en la mía.
Vivir y dejar vivir,

 humildemente, sin alharacas.

Así quiero seguir,

con mi cruz y mis milagros,
mis noches y mis días,

mis deudas y mis erarios.
Una mujer respetuosa,

sin pompas ni boatos,
caminando por el mundo,

sin pisar a nadie con mis zapatos.

 

©Trini Reina

05/11/2004

 

Rocío rosa

petalos
Sin corolas como base,
ni pistilos de polen amargo,
un millar de pétalos libres;
florecen en el pecho.
Aterciopelados sanadores de heridas.

Al alba de estos asombrosos instantes,
el corazón agota su hueco.
Luego, apaciguado, regresa a su ser.
Reconfortado...
Dosis doble de oxígeno
se afanan por inhalar los pulmones.

No existe el ruido, todo es sinfonía.
Notas musicales besan los sentidos.
La dicha eclosiona en la mente.
Risueñas sensaciones acarician el alma.

Nada importa que Selene
asome hoy menguante.
La luz interior se ha multiplicado.
Al relente, allá en el cielo,
se divisa mayor número de estrellas.
¿O son los ojos, que rebosan chiribitas?...

De tarde en tarde la vida
se viste de rosa
y desfila para nosotros en su alta pasarela,
cosquilleándonos con su sonrisa
perfilada de carmines.

La felicidad perpetúa es una quimera.
La realidad, son estas gotas de rocío
con las que de vez en cuando,
a capricho, la dicha nos empapa.
©Trini Reina
07/06/2005

Entregas

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De par en par descubiertas las miradas.
Semejan aspas de molino los brazos expuestos.
Abierta el alma, sin ambages entregada,
suplicando y donando; sembrando y recibiendo.
Aceptó con gozo el calor de amadas manos,
percibió en distintas pupilas, idénticos anhelos.
Palpó en silencio un corazón, atronando en pecho ajeno.

Dos en la misma partida, similar pulsar del tiempo.
Una vida en dos mitades, culminando a medias un sueño.

© Trini Reina/13/01/2005

 

Carrusel

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Lóbrega comparece la madrugada.
Avanza huérfana de estrellas;
abrupto y oscuro el sendero
que al páramo de los sueños lleva.

Concédeme cielo un lucero
que de este negror me proteja;
con su luz salvaré precipicios
y eludiré traiciones y piedras.

Mariposea por las calles la brisa,
trasminando a lavanda y hierbabuena
y enlazada por la cintura,
para que no huya, al alba ostenta.

El día bostezando asoma,
remiso a ceder a la noche su estela.
Al amparo de su oculta cara,
los sueños, en pos de la luna vuelan.

El sol enardeciendo la mañana,
de azules y fuego la bosqueja.
El poniente con denuedo rola,
y baila un tango con las veletas.

Se despereza el crepúsculo,
y al astro rey corea una nana lenta,
y éste, ronronea, y tiñe el cielo,
de violetas, naranjas y sepias.

La luna, conmovida por tamaño esplendor,
se regocija, allá en su ventana quieta.
Y conmina a las estrellas a emprender
otro rondo, azuzando ensueños y quimeras.

Y así, gira y gira,
sin pausa ni clemencia.
La rueda de las noches y los días.
El carrusel de los ocasos
y las alboradas nuevas.

©Trini Reina

SEVILLA

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Noche en la blanca cornisa.
La ciudad, se divisa iluminada;
garbosa bailaora retozando descalza;
de luces vestida, festiva engalanada.

Centelleando el río, sierpe de plata.
La luna, acicalándose, se refleja en el agua
y  perfila sus labios, con carmín de naranjas.

Al fondo, una Ninfa de arabescos labrada.
Dorada reluce con encajes de gala,
el más afamado minarete que los árabes nos legaran.
Desde la lejanía se contonea la Giralda;
orgullosa veleta misteriosa y embrujada.

Tras ella, sus primas lejanas,
las gemelas agujas de plaza de España,
hija de Aníbal González;
de marmóreas columnas y azulejos diseñadas.

Perfumada de jazmín y azahares,
Sevilla nocturna, desde el Aljarafe observada;
si con sol tiene un color especial,
de noche, esplendorosa se derrama.
¡Y que decir del duende! que la habita de madrugada.

 

©Trini Reina

TODO ES DE COLOR

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Poseída fui por una quimera.
Fecundadora de inquietudes en mis sentidos.
Flamante latido en el pecho,
calor de mayo desterrando mi frío.

Con fantásticas visiones brillaban,
doblemente verdes
mis glaucos ojos.
Sobre mi pelo el firmamento,
de añiles pintaba mil tonos.
Carmines y rubores el semblante,
rojez que la viva sangre rebosaba.
Todo lucía de colores,
acuarelas en mi alma…

La luna me brindó gotas de embrujo.
El sol, dos rayos de fuego.
Las alas de mis manos volando,
en papel ilustraron mis sueños.
Y el aire fue más límpido,
las lágrimas herían menos.
Coronado de flores,
mi reflejo en el espejo.
©Trini Reina

 

 

VIEJA ESTAMPA

Se derramó la paleta de los grises
impregnando de plomo el firmamento.
El aire llegaba cargado,
tan denso como el acero.
No era frío el ambiente,
la primavera, ya nacida,
dormitaba en sus aposentos
mas; en las caras desnudas,
la brisa húmeda depositaba sus besos.

Entre las ramas de los árboles;
mitad verdes, mitad resecos,
una sombra con alas
divisé sin creérlo.
Agucé más la mirada,
paré los pies en seco,
una cigüeña volaba
por desacostumbrado cielo.
Sólo fue un instante
luego, tras las nubes,
se ocultó el ensueño.

Quizás erraba perdida,
o tal vez, lo intentó de nuevo,
volver a formar su nido;
en las urbanizadas torres del pueblo.
Fue una visión hermosa.
Una estampa de otro tiempo
cuando las cigüeñas anidaban
en los campos olivareros.

El pueblo se hizo ciudad.
Los olivos se perdieron.
Las sabias aves,
en parajes más libres
sus nidos erigieron.

©Trini Reina