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Azules atardeceres de la memoríaHoy 24 de marzo, es un día muy especial para mí, ya que se ha editado, en papel, mi primer libro de poesías, “Azules atardeceres de la memoria” .
Quiero darle las gracias, especialmente, a mis amigos, Antonio Gómez Hueso, que ha tenido la gracia de ayudarme en todo momento, tanto en la corrección de los textos, como en la estructura de dicho libro, y a Isabel Navarro Verdú, que me ha cedido sus cuadros para ilustrarlo. También a Fernando Luis Pérez Poza que ha creído en mis letras y me ha dado toda clase de facilidades para que la ilusión de mi vida se haya hecho realidad. CómplicesCómplices. En los amaneceres de azules matices y en los crepúsculos malvas. Cómplices difuminando las tinieblas de los densos días. Cómplices, siempre cómplices; incluso en las largas ausencias.
Cómplices en las sobrecargadas rutinas y en las livianas aventuras de los días en común y los años aunados. Cómplices en esta historia que, de ilusiones y esfuerzos, en nuestra intima acuarela vamos esbozando. Cómplices en las risas, que, por sí solas, se desatan cuando, a solas, frente a frente, nos miramos con el deseo brillando en los ojos y las ganas derramándose en las manos. Cómplices de corazón desnudo, de alma y cuerpo entregados, de pudores e impudicias, de tiernas caricias y besos apasionados. Cómplices en las lágrimas, que secas a besos si me encuentras llorando. Cómplices en las desilusiones, las alegrías y los ratos amargos; que, a medias, pesan menos y bastante menos se tarda en endulzarlos. Cómplices en este reñido amor de cumbres y tajos. Cómplices de acuerdos y divergencias, de pactos de concordia y miradas de soslayo. Cómplices, a pesar de que, a veces, por ajenas tristezas, en aceras distintas nuestros pasos marcamos. Mas, un leve gesto, una palabra dulce, un perdón suspirado, nos vuelve al presente y en un cómplice abrazo desembocamos. Atados por invisibles lazos, cómplices nos nombró el destino y al azar es inútil desafiarlo. ®Trini Reina 23/08/05
Sembrando sueñosEsperando su arribada,
le abrió todas las puertas y destapó las cien ventanas, las cortinas de cretona, sobre sí mismas arremangadas, las paredes encaladas, reverberando a media tarde, la ropa en el patio tendida, oreándose a compás del aire. Al descubierto el corazón latiendo a son de sangre y fuego. El alma desnuda, tocada de níveo velo. Apareció plantando flores, sembrador de sueños con semillas preñadas; orondas de dichas, de bondades insufladas. Clarificando madrugadas, iluminó de colores las estancia, perfumando los sentidos con millones de fragancias. Y llegó para quedarse, jardinero cultivando gracias, colmando los espíritus de cuantos en él se miraban. © Trini Reina
LLévame...Llévame, niña, a ver el mar.
Llévame, en tu cochecito de cristal. Prometo no perturbarte, serena y soñadora habré de viajar. Y, cuando hasta allí me allegue, tras mis pies en la arena posar, recorreré la dorada orilla e, imaginando alcanzar el horizonte, me complaceré del pasear.
Necesito enredar mi mirada a las olas, Colmaré mis pulmones fatigados Dejaré que la brisa me bese la cara Anda niña, llévame a ver el mar, © Trini Reina Color de olvidoSe presenta la añoranza bordada de nubes. Cúmulos orondos color plomo, textura de plomo; sabor a plomo. Por las que el sol impotente, negado está a penetrar con sus destellos áureos. Oro cálido al que espera sabiendo, que el martirio de ahora, en el porvenir, tendrá validez y sustancia. Mas helor punzante a los desesperanzados.
Mil kilos pesan los hombros, que empujan hacía abajo al resto del cuerpo grávido. El suelo se presiente cada minuto más cercano, tanto que se huele la humedad del lodo. La cabeza en su atalaya es un caos de pensamientos delirantes; no pesa, de tanto elucubrar se ha transformado en humo. Una mueca descolorida, la boca saturada de vacíos, en la nada diluida, rodeada de arrugas, acanaladuras sin saleros ni dulzuras. Pozos sin fondos, en los que la retina no logra divisar el reflejo de lo que otean las tristes afueras: los ojos. Y sus pestañas cortinas de calabobos. Venus, ni por asomo brilla en el alba, ya que el horizonte ha abierto hoy las puertas imitando, el color del olvido. ©Trini Reina
Besos... Porque hay besos que no se olvidan
así toda una vida pase, y a mí no se me va, ni de la memoria ni de la sangre. Aquel que tú y yo nos dimos al amparo de las sombras de un crepúsculo salvaje. Que con la tinta de su fuego tatuó para siempre en mi corazón la agridulce locura de amarte. Y ni el tiempo, que todo lo lima,
ni la distancia, la ausencia o el esperarte, consiguen extraer de mi memoria aquella muestra de pasión exaltada de reminiscencias inolvidables. ©Trini Reina
Hoy...Hoy quise escribirte un último poema, y mis dedos, inermes, no atinan a esgrimir la pluma; mientras el alma naufraga en el tintero.
Hoy quise dedicarte un último soneto. Poner el colofón a esta infructuosa historia con unos versos supremos; mas el silencio en la garganta se ha instaurado, y la voz se quiebra antes de emanar. Hoy quise liberarme de ti con un poema. Una postrera estrofa, la rima final, la despedida… Mas las rebeldes letras, como adolescentes enamoradas, se niegan a fluir. Hoy pretendí dedicarte un adiós hecho poesía, y lo único que brota de mi mente son palabras de amor. Bienvenidas envueltas en versos. Parabienes con rimas azucarados. Hoy quería irme de ti... y como siempre me he quedado…
SalmosSer ungüento para tus heridas,
bálsamo para tu quebranto, el elixir de tus desdichas, y la risa que opaque tu llanto. Llenarte la mirada de estrellas, dibujarte el semblante con mis manos, desfruncir el ceño de tu frente, y ocupar con mis flores tus brazos. Porque sólo ansío tu alegría, ver sonreír a tus ojos pardos, besar la mueca irónica que a veces te amarga los labios. Y junto a ti emprender el vuelo hacía un mundo desbordado por riadas de esperanzas y avenidas de milagros. No te sientas triste, mi niño, mira que nada es para tanto. Tras la tormenta llega la calma, tras los silencios vendrán los salmos. ©Trini Reina
31/03/2005 Aires y airesDe qué te duele a ti de mi soledad,
si mi desolación no te roza ni de lejos. Te ofreces con temor. Presumes sin complejos. Mas no luchas por paliarla, tus favores son etéreos, palabras sin alma, vagos propósitos, vacuos consejos. Aires y aires... nubes y espejos. Reflejos inanimados, sacrificios incruentos. Desapasionados latidos, empatías sin fundamento. Cómo me brindas compañía, si habitas un país ajeno, dónde no me alcanza tu risa; ni me alimento de tus besos. Tus brazos no entibian mi talle, ni tu agua calma la sed que padezco. Deja la piedad para los Santos, las catedrales, para los rezos para qué quiero tu solemnidad Si ni me quieres, ni te tengo. ©Trini Reina 05/04/2005 EresTus aguas no crearan pantanos,
pero una sola gota de ella saciará la sed de mi boca. Las estrellas de tus ojos, tres Magos no guiarán, pero iluminan el foso de mi alma rota. Tus manos no sanarán enfermos, más son el ungüento de mis heridas, no tienen el poder de curar tormentos; pero si aliviarlos,con una escueta caricia. Quizás no seas nadie para los ausentes, sin embargo para mi presencia lo eres todo, la arribada de mi espera en la estación de este ingrato mundo loco. Un cero en las cuentas frías, el infinito en la ternura que emanas la sinfonía de los crueles silencios el repique de las alegres campanas. Descanso para mi viejo cansancio vitaminas inyectas a mi sangre en vena, por ti suspira mi pecho flagelado; eres la llave que cierra mis penas. ©Trini Reina
10/12/2004 SencillamenteNunca pretendí rielar con las estrellas. A las montañas comparé con mitológicos gigantes que poseen ancestral magia. y ponerme a escalarlas. cuando bajan colmados de bravas aguas, me colman de ternura el alma. retozando en las llanuras castellanas, tal vez algo cándida; a ostentosas promesas que no conducen a nada. y el satén en las miradas, para que con él calienten sus horas heladas. amar a ser amada. humildemente, sin alharacas. con mi cruz y mis milagros, mis deudas y mis erarios. sin pompas ni boatos, sin pisar a nadie con mis zapatos.
©Trini Reina 05/11/2004
Rocío rosaSin corolas como base,
ni pistilos de polen amargo, un millar de pétalos libres; florecen en el pecho. Aterciopelados sanadores de heridas. Al alba de estos asombrosos instantes, el corazón agota su hueco. Luego, apaciguado, regresa a su ser. Reconfortado... Dosis doble de oxígeno se afanan por inhalar los pulmones. No existe el ruido, todo es sinfonía. Notas musicales besan los sentidos. La dicha eclosiona en la mente. Risueñas sensaciones acarician el alma. Nada importa que Selene asome hoy menguante. La luz interior se ha multiplicado. Al relente, allá en el cielo, se divisa mayor número de estrellas. ¿O son los ojos, que rebosan chiribitas?... De tarde en tarde la vida se viste de rosa y desfila para nosotros en su alta pasarela, cosquilleándonos con su sonrisa perfilada de carmines. La felicidad perpetúa es una quimera. La realidad, son estas gotas de rocío con las que de vez en cuando, a capricho, la dicha nos empapa. ©Trini Reina
07/06/2005 EntregasDe par en par descubiertas las miradas. © Trini Reina/13/01/2005
QuimerasEspíritu que vaga por los estadios anímicos del alma penitente, silueta tatuada a oro y fuego en los recuerdos atesorados allá, en el desfondado arcón de la pertinaz memoria, que se recrea en avivarlos al menor hálito de añoranza.
Remembranzas que surcan sin barcos ni aguas, un piélago carente de riberas donde los sueños no cesan de nadar para acabar ahogándose. Quimeras al amparo de un puerto, guarecidas de las elucubraciones tempestuosas que desata en el seno; lo deseado y no tenido, lo que se anhela y no se sacia... aquello que pudo ser, mas no ha sido. Mala ventura es despertar a las silentes sombras que habitan el palacio del olvido. ©Trini Reina
03/01/2005 Vehemencia VTras esa puerta reside la paz de mi vida sin ti. Sé que si cruzo el umbral, frente a mí se desplegará un paisaje sosegado, de imágenes quietas, sin brillo. Una cordillera gris de días repetidos. Un río apaciguado que no arribará en ningún océano tempestuoso.
Por eso, aunque a diario abro esa puerta y observo las afueras, añorando un poco de serenidad para mi corazón cansado, siempre acabo de un golpe cerrándola. Y vuelvo a la locura de tus brazos, a este interno mundo tuyo y mío, a este vivir sin vivir de horas dulces…de días amargos. ©Trini Reina 3/10/2005 |
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